Durante años, los servicios digitales “gratuitos” han operado con un simple intercambio: sus datos por conveniencia. Ahora, la próxima generación de inteligencia artificial (en particular, los agentes de IA) está preparada para intensificar este intercambio, exigiendo un acceso más profundo que nunca a su información personal. Estos sistemas prometen automatizar tareas y agilizar su vida digital, pero a un costo: entregar el control de sus datos a corporaciones con un largo historial de explotación de ellos.
El auge de la IA de acceso total
Las herramientas de IA generativa como ChatGPT y Gemini han evolucionado rápidamente más allá de los chatbots básicos. La industria ahora está presionando agresivamente a los “agentes” o “asistentes” diseñados para actuar en su nombre, automatizando tareas desde la reserva de vuelos hasta la gestión de su agenda. Sin embargo, esta capacidad depende de otorgar a estos sistemas un acceso sin precedentes a sus dispositivos, cuentas y datos personales.
El problema central no es solo si sus datos serán utilizados, sino cuán profundamente estos agentes se integrarán en su existencia digital. Si bien las primeras preocupaciones sobre la IA se centraron en extraer datos públicos, la próxima ola amenaza con ingerir sus comunicaciones privadas, registros financieros e incluso su actividad en tiempo real.
Los riesgos de privacidad son reales
Los investigadores de seguridad advierten que este nivel de acceso crea profundas vulnerabilidades. Harry Farmer, investigador del Instituto Ada Lovelace, señala que los agentes de IA a menudo requieren acceso a nivel del sistema operativo para funcionar plenamente. Esto significa que pueden eludir las medidas de seguridad tradicionales y potencialmente filtrar, hacer mal uso o interceptar información confidencial.
La falta de una definición estricta de “agente de IA” complica aún más las cosas. Estos sistemas ya pueden navegar por la web, administrar su calendario e incluso controlar otras aplicaciones en su dispositivo. A medida que se vuelvan más capaces, inevitablemente necesitarán más datos para funcionar de forma eficaz.
Las empresas ya exigen acceso total
Algunas empresas ya están probando los límites del acceso a los datos. La función “Recuperar” de Microsoft toma capturas de pantalla de su escritorio cada pocos segundos y almacena todo lo que hace en su dispositivo para recuperarlo más tarde. Tinder está desarrollando una función de inteligencia artificial que escanea las fotos de su teléfono para “comprender” sus intereses, lo que plantea preocupaciones obvias sobre la privacidad.
El patrón es claro: las empresas están ampliando la recopilación de datos antes de que se implementen salvaguardas. Carissa Véliz, profesora de Oxford, señala que los consumidores tienen pocos recursos para verificar cómo se manejan sus datos. “Estas empresas son muy promiscuas con los datos”, afirma. “Han demostrado que no son muy respetuosos con la privacidad”.
La historia de la explotación de datos
El historial de la industria de la IA es alarmante. Los primeros avances en el aprendizaje automático revelaron que los sistemas funcionan mejor con más datos, lo que alimenta una búsqueda incesante de información. Las empresas de reconocimiento facial recopilaron millones de imágenes sin consentimiento y algunas incluso utilizaron datos obtenidos ilegalmente, incluidas imágenes de niños explotados, para entrenar sus algoritmos.
Cuando el web scraping no fue suficiente, las empresas pasaron a entrenar la IA con los datos de los usuarios de forma predeterminada, lo que obligó a las personas a optar por no participar en lugar de participar. Este patrón continúa hoy, ya que los agentes de IA están diseñados para integrarse profundamente en su vida digital.
La futura amenaza a la seguridad y la privacidad
Incluso con algunas protecciones de privacidad implementadas, la naturaleza basada en la nube de los agentes de IA introduce nuevos riesgos. Los datos que se mueven entre sistemas podrían ser interceptados o utilizados indebidamente. Los reguladores europeos ya han advertido sobre la posibilidad de que se produzcan filtraciones de datos confidenciales y violaciones reglamentarias.
Meredith Whittaker, presidenta de la Signal Foundation, advierte que los agentes de IA con acceso total al dispositivo representan una “amenaza existencial” para la privacidad a nivel de las aplicaciones. Pide exclusiones estrictas a nivel de desarrollador para evitar que los agentes accedan a plataformas cifradas como Signal.
Lo que necesitas saber
La realidad es que muchos usuarios ya han compartido grandes cantidades de datos personales con chatbots, lo que los hace vulnerables a una futura explotación. El modelo de negocio de estos sistemas puede cambiar con el tiempo, lo que significa que las promesas actuales centradas en la privacidad pueden no cumplirse.
La próxima generación de IA no se trata sólo de conveniencia; se trata de control. Las empresas que impulsan a estos agentes están apostando por un futuro en el que el acceso profundo a los datos sea la norma. Si valora su privacidad, debe comprender los riesgos y exigir mejores protecciones antes de que sea demasiado tarde.























