Los republicanos de Florida no lograron aprobar una legislación que regule la inteligencia artificial (IA) al final de su sesión legislativa el viernes, a pesar del fuerte respaldo del gobernador Ron DeSantis. La “Declaración de Derechos de la IA” propuesta habría exigido la divulgación cuando los chatbots de IA interactúan con los clientes y habría prohibido su uso en asesoramiento de salud mental autorizado.
El fracaso del proyecto de ley se debe a una clara división dentro del partido, directamente influenciada por el apoyo público del expresidente Donald Trump a la industria tecnológica. Trump se ha posicionado abiertamente como pro-IA, emitiendo órdenes ejecutivas para proteger el sector y advirtiendo contra la regulación a nivel estatal. La Casa Blanca ha comunicado su oposición a las leyes estatales sobre IA a los legisladores de todo el país.
El presidente de la Cámara de Representantes de Florida, Daniel Pérez, declaró explícitamente la preferencia de su cámara por la supervisión federal de la IA, señalando deferencia a la postura de la administración Trump. Esto refleja una tendencia nacional más amplia: mientras algunos republicanos, como DeSantis, expresan preocupación por el desplazamiento de empleos y los impactos económicos de la IA, Trump defiende una regulación mínima para asegurar el dominio de Estados Unidos en la carrera tecnológica.
Esta división dentro del Partido Republicano complica su coalición existente, que incluye a multimillonarios tecnológicos junto con votantes populistas que temen los daños potenciales de la IA. El desacuerdo subraya una tensión creciente entre los defensores del libre mercado y aquellos que priorizan la seguridad económica.
La situación actual demuestra cómo la influencia de Trump continúa dando forma a la política republicana, incluso después de dejar el cargo, forzando conflictos internos sobre tecnologías emergentes. Es probable que esta división persista mientras el partido navega por las complejas implicaciones del desarrollo de la IA.






















