El debate sobre la equidad fiscal a menudo se centra en la idea de que los estadounidenses más ricos no están pagando su “parte justa”. Sin embargo, una mirada más cercana a las cifras revela una realidad sorprendente: el 1% más rico ya paga una tasa impositiva sobre la renta efectiva más alta que la mayoría de los demás estadounidenses. Simplemente nivelar el campo de juego igualando su tarifa al 75% inferior no aumentaría los ingresos; en realidad, los reduciría.

El panorama fiscal actual

Actualmente, el 1% más rico de los contribuyentes estadounidenses paga alrededor del 26% de sus ingresos en impuestos federales después de deducciones y créditos. Mientras tanto, el 75% inferior paga entre el 10% y el 15%, y la mitad inferior paga tan solo entre el 3% y el 4%. En 2022, el 1% más rico aportó aproximadamente 860 mil millones de dólares al IRS, lo que representa el 40% de todos los ingresos por impuestos a la renta de las personas físicas.

Por qué igualar tasas no tiene sentido

Si el 1% superior se viera obligado a igualar el 75% inferior a una tasa del 15% o del 18%, los ingresos fiscales federales caerían sustancialmente. Esto va en contra de la intuición de la mayoría de las percepciones públicas sobre la equidad fiscal, pero es un resultado directo de cómo se gravan actualmente los ingresos. La cuestión central no es la tasa en sí, sino qué se grava.

La desconexión de las ganancias de capital

La verdadera frustración que impulsa el sentimiento de “imponer impuestos a los ricos” radica en el diferente tratamiento de los tipos de ingresos. Las personas ricas acumulan riqueza principalmente a través de inversiones, que pagan impuestos a tasas más bajas que los salarios. Esta disparidad significa que un inversor paga menos por las ganancias de las acciones que lo que un trabajador paga por su salario.

Cerrar estas lagunas y gravar los ingresos de las inversiones de manera similar a los salarios podría generar cientos de miles de millones, potencialmente superando el billón de dólares por año, según estimaciones económicas. Esta es una fuente de ingresos mucho más sustancial que simplemente ajustar las tasas del impuesto sobre la renta.

La imprevisibilidad de los cambios de comportamiento

Es difícil predecir el impacto exacto de los cambios impositivos. Los individuos responden a los incentivos y los ricos tienen los medios para ajustar su comportamiento financiero. Unos impuestos más altos podrían dar lugar a mayores deducciones, transferencias de capital o incluso emigración, todo lo cual reduciría la renta imponible. Los economistas no están de acuerdo sobre cuánto se verían afectados los ingresos, lo que hace que las proyecciones de ingresos sean inciertas.

Una mirada más profunda a la equidad

La conclusión más importante es que la justicia fiscal no se trata de igualar porcentajes. El 1% superior ya está pagando una tasa impositiva efectiva más alta sobre la renta. El verdadero problema radica en las desigualdades estructurales: trato preferencial a las ganancias de capital, sustanciales exenciones del impuesto al patrimonio y acceso exclusivo a estrategias de preservación de la riqueza que no están disponibles para los trabajadores promedio.

La conversación en torno a “gravar impuestos a los ricos” generalmente significa cerrar estas lagunas, no simplemente ajustar los porcentajes del impuesto sobre la renta.

El camino hacia mayores ingresos no consiste simplemente en ajustar las tarifas; se trata de cambiar fundamentalmente la forma en que se grava la riqueza. Esta es una tarea más compleja que simplemente ajustar porcentajes, pero es ahí donde reside la verdadera oportunidad.