El presidente Trump está imponiendo nuevos aranceles radicales a casi todas las importaciones a Estados Unidos, evitando de hecho un fallo reciente de la Corte Suprema que derogó gravámenes anteriores. La medida, descrita en una orden ejecutiva el viernes por la noche, aplica un arancel del 10% a la mayoría de los bienes que ingresan al país, con excepciones limitadas para minerales críticos, productos agrícolas seleccionados (carne vacuna, frutas), automóviles, productos farmacéuticos e importaciones de Canadá y México. Estas tarifas entran en vigor el 24 de febrero de 2026.
Por qué esto es importante: Esta decisión pone de relieve un patrón cada vez mayor de extralimitación del ejecutivo en la política comercial. La administración Trump ha demostrado su voluntad de explotar las lagunas jurídicas y ampliar los límites de la autoridad presidencial en pos de medidas proteccionistas, incluso cuando son impugnadas legalmente. El fallo de la Corte Suprema tenía como objetivo frenar el poder presidencial desenfrenado sobre los aranceles, pero Trump respondió encontrando una nueva base legal para lograr el mismo resultado.
Explotación de la Ley de Comercio de 1974
La administración está aprovechando la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una disposición rara vez utilizada que permite al presidente imponer aranceles de hasta el 15% si existen déficits comerciales “grandes y graves”. Estos aranceles están inicialmente limitados a 150 días a menos que el Congreso autorice una extensión. Expertos legales, como Gregory Husisian de Foley & Lardner LLP, anticipan que esto servirá como una “autoridad puente”, que permitirá a Trump mantener la presión mientras prepara justificaciones arancelarias alternativas.
Estrategia a largo plazo: La ventana de 150 días brinda tiempo para lanzar aranceles más duraderos bajo la Sección 301 (prácticas comerciales desleales) o la Sección 232 (preocupaciones de seguridad nacional). La administración ya ha anunciado planes para acelerar las investigaciones bajo estas secciones, evitando efectivamente la necesidad de una aprobación inmediata del Congreso.
Se mantiene la suspensión de la exención de minimis
Además de los nuevos aranceles, la administración confirmó su suspensión indefinida de la exención de minimis, que anteriormente permitía que paquetes con un valor inferior a 800 dólares ingresaran libres de impuestos. Este cambio de política, implementado el año pasado, provocó importantes retrasos en las fronteras de Estados Unidos y elevó los precios en las plataformas de compras en línea. La suspensión sigue vigente a pesar del fallo de la Corte Suprema, lo que perturba aún más el comercio internacional.
Reembolso Incertidumbre y batallas legales
El fallo de la Corte Suprema no aclaró cómo manejar los reembolsos para las empresas que pagaron tarifas previamente consideradas ilegales. Trump indicó que esto probablemente se resolvería en los tribunales, lo que dejaría a las empresas enfrentando un proceso de reembolso prolongado y potencialmente complicado. Los expertos predicen que las disputas sobre los montos de los reembolsos podrían prolongarse durante meses o incluso años, a medida que las empresas presenten reclamaciones y el gobierno cuestione sus cálculos.
Interpretación distorsionada del fallo
Durante una conferencia de prensa muy cargada, Trump tergiversó la decisión de la Corte Suprema, alegando que le otorgaba amplia autoridad para prohibir las importaciones pero no para cobrar tarifas. También se desvió hacia agravios no relacionados, incluidas críticas a Europa y al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, mientras se jactaba de sus habilidades de comprensión lectora.
“El tribunal me ha dado el derecho incuestionable de prohibir la entrada de todo tipo de cosas a nuestro país… pero no el derecho a cobrar una tarifa. ¿Qué tan loco es eso?” – Presidente Trump
El panorama general: Esta serie de acciones subraya una tendencia más amplia de la voluntad de Trump de eludir las restricciones legales y explotar las ambigüedades en el derecho comercial. El enfoque agresivo de la administración sugiere un compromiso continuo con políticas proteccionistas, incluso a expensas de las normas legales establecidas. Las consecuencias a largo plazo incluyen mayores tensiones comerciales, mayor incertidumbre para las empresas y potencialmente más desafíos legales.























