Si bien las grandes corporaciones tecnológicas a menudo proyectan imágenes de valores progresistas, está surgiendo una división cada vez mayor entre los empleados con salarios altos y los trabajadores subcontratados que sostienen sus campus. Un movimiento reciente entre el personal de la cafetería del campus Bellevue de Meta ha puesto de relieve una cruda realidad: cuando las autoridades federales de inmigración apuntan a trabajadores vulnerables, a menudo son los propios trabajadores (y sus colegas en la industria tecnológica) quienes intervienen para brindar el apoyo que las corporaciones se niegan a ofrecer.
Un pacto puesto a prueba mediante su aplicación
La solidaridad del personal de “Crashpad”, un comedor de Meta, se forjó en previsión de una mayor represión contra la inmigración. En diciembre, ese pacto se puso a prueba cuando Serigne, un solicitante de asilo senegalés y hermano del lavaplatos Abdoul Mbengue, fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE).
En respuesta, el personal del café (un grupo diverso de cocineros y lavaplatos de África, el Caribe y Ucrania) lanzó una campaña de recaudación de fondos para financiar la defensa legal de Serigne. Este esfuerzo local rápidamente se convirtió en un movimiento entre empresas. Las donaciones llegaron de los empleados de Meta, Microsoft y Amazon, por un total de miles de dólares. La campaña tuvo éxito: el 24 de febrero, un juez ordenó la liberación de Serigne.
El panorama cambiante del activismo tecnológico
Este incidente señala un cambio significativo en cómo funciona el activismo dentro del sector tecnológico.
- Hace una década: Los trabajadores tecnológicos frecuentemente organizaban protestas a gran escala junto a los ejecutivos para desafiar las políticas gubernamentales, como las prohibiciones de inmigración.
- Hoy: Hay una creciente sensación de abandono. Los trabajadores sostienen que las grandes empresas tecnológicas son cada vez menos receptivas a las peticiones y cada vez están menos dispuestas a adoptar posturas públicas o brindar apoyo material a los miembros vulnerables de su fuerza laboral.
Esto ha llevado a un nuevo modelo de solidaridad entre clases. Un ingeniero de software anónimo de Amazon señaló que apoyar a los trabajadores del servicio de alimentos es una necesidad estratégica: “La solidaridad significa presentarse en la forma en que lo piden… A veces solo necesitan dinero”. Al apoyar a los trabajadores subcontratados, los profesionales de la tecnología están creando una coalición que podría apoyar futuras campañas sobre la ética de la IA o cuestiones medioambientales.
La división sindical: protección versus precariedad
La lucha en el comedor de Meta es también una batalla por los derechos laborales. Los empleados, administrados por la empresa de catering Lavish Roots, han estado intentando sindicalizarse con Unite Here Local 8.
La disparidad entre los diferentes campus tecnológicos es sorprendente:
– Microsoft y Google: Los trabajadores sindicalizados de las cafeterías de estas oficinas se benefician de convenios colectivos que incluyen protección laboral durante las renovaciones de permisos de trabajo y tiempo libre justificado para audiencias de inmigración. Microsoft también ha implementado estrictos protocolos de seguridad para evitar que los agentes de ICE ingresen a los campus sin una orden judicial válida.
– Meta/Lavish Roots: Los trabajadores alegan que enfrentan una oposición activa por parte de la gerencia, incluida vigilancia y acciones disciplinarias para los partidarios del sindicato. Además, carecen de las protecciones institucionales que gozan sus homólogos de otras empresas.
Preocupaciones de seguridad y paradojas de las “comodidades”
Más allá de los honorarios legales, los trabajadores luchan por una seguridad física básica. Un importante punto de discordia tiene que ver con el acceso al campus. Si bien Microsoft mantiene controles estrictos sobre la entrada de las fuerzas del orden, los trabajadores de Meta alegan que se les está obligando a ocupar posiciones vulnerables.
Los trabajadores afirman que Meta ha introducido tarifas elevadas (hasta 300 dólares al mes) para el acceso a un estacionamiento subterráneo seguro. Para los empleados que ganan tan solo 22 dólares por hora, esto es financieramente imposible. Como resultado, muchos se ven obligados a utilizar estacionamientos o transporte público, donde se sienten expuestos a posibles redadas de ICE.
“Meta considera que cenar es un servicio muy importante… pero esta parece una de las muchas formas en que sus palabras no coinciden con sus acciones”. — Abdoul Mbengue
Mirando hacia el futuro: construyendo una red de seguridad
Los organizadores no se limitan a donaciones únicas. Están trabajando para formalizar una red de apoyo permanente, que incluya:
– Un fondo de defensa legal dedicado.
– Una red de abogados de inmigración.
– Un sistema de voluntariado para acompañar a los trabajadores a las audiencias de inmigración.
Si bien continúan solicitando a Meta “fondos para la defensa de la inmigración basados en las necesidades” y el derecho a quedarse en casa durante la actividad de ICE, el movimiento actualmente depende enteramente de la empatía y los bolsillos de sus compañeros de trabajo.
Conclusión: A medida que las principales empresas de tecnología se retiran de la defensa social, está surgiendo una nueva forma de activismo de base, impulsado por trabajadores subcontratados y profesionales de la tecnología que trabajan juntos para proporcionar las redes de seguridad legal y financiera que las corporaciones no han logrado implementar.























