Un nuevo informe sugiere que, a pesar de los recientes avances tecnológicos, la capacidad de los consumidores para reparar sus propios dispositivos enfrenta importantes obstáculos. Según el último informe “Failing the Fix” publicado por el grupo de defensa del consumidor US PIRG, el mercado de teléfonos inteligentes está luchando con bajos puntajes de reparabilidad, con Apple y Samsung liderando la parte inferior de la clasificación.
Las clasificaciones: ¿quién lidera y quién se queda atrás?
El informe ofrece una visión comparativa de cómo los principales fabricantes diseñan su hardware y software. Los resultados muestran una marcada división entre las diferentes marcas:
Teléfonos inteligentes
- Motorola: B+ (el líder de la industria en esta categoría)
- Google: C-
- Samsung: D
- Apple: D-
Computadoras portátiles
Si bien las computadoras portátiles generalmente obtuvieron puntuaciones más altas que los teléfonos inteligentes, la brecha sigue siendo significativa:
– Asus: B+
– Apple (MacBooks): C-
Si bien la puntuación de los teléfonos inteligentes de Apple ha mejorado de una “F” en 2022 a una “D-” en la actualidad, sigue siendo uno de los dispositivos más difíciles de mantener.
¿Por qué están bajando las puntuaciones? El “efecto transparencia”
A primera vista, podría parecer contradictorio que los puntajes de reparabilidad sean más bajos que en años anteriores, especialmente porque las empresas han comenzado a ofrecer más manuales de reparación y repuestos al público. Sin embargo, el informe aclara que esto no se debe necesariamente a que los productos estén empeorando, sino a que las mediciones están mejorando.
Las nuevas regulaciones en Europa y Francia han obligado a alcanzar un nivel de transparencia que antes no existía.
– Ley francesa: exige que los productos estén etiquetados con una puntuación de reparabilidad basada en la facilidad de desmontaje, la disponibilidad de herramientas y el coste de las piezas de repuesto.
– Regulaciones de la UE: El Registro Europeo de Productos para el Etiquetado Energético (EPREL) ahora rastrea factores como la resistencia, la impermeabilidad y la durabilidad de la batería.
Dado que las empresas ahora deben informar por sí mismas sobre estos detalles técnicos, se está sacando a la luz la dificultad “oculta” de reparar dispositivos modernos.
El factor oculto: lobby y software
La metodología del US PIRG va más allá de simplemente comprobar si se puede quitar un tornillo. El grupo también considera la actividad política corporativa.
“Si estás comprando tu equipo a una empresa que está gastando su dinero para cabildear contra tu derecho a repararlo, eso no habla bien de su apoyo”, dice Nathan Proctor, director senior de la campaña PIRG de EE. UU. por el derecho a reparar.
El informe “quita puntos” a las empresas que presionan activamente contra la legislación sobre el derecho a reparar. Esto crea un conflicto de intereses: una empresa puede proporcionar las herramientas para reparar un teléfono, pero si simultáneamente lucha contra las leyes que facilitarían la reparación para todos, su puntuación general de “reparabilidad” se ve afectada.
Además, el soporte de software juega un papel fundamental. Un dispositivo puede ser físicamente fácil de reparar, pero si el software se vuelve obsoleto o impide el uso de piezas de terceros, el dispositivo se vuelve efectivamente “irreparable” en un sentido práctico.
Lo que está en juego en materia medioambiental
El impulso a la reparabilidad no se trata sólo de ahorrar dinero; es una lucha contra los residuos electrónicos. Los defensores consideran que el ciclo actual de “obsolescencia programada” (donde los dispositivos se descartan cada pocos años porque son demasiado difíciles o costosos de reparar) es ambientalmente insostenible.
El objetivo de estas clasificaciones es desviar el enfoque de la industria de las iteraciones constantes de hardware hacia la durabilidad y longevidad. Al exponer estos puntajes, sus defensores esperan presionar a los fabricantes para que innoven de manera que realmente beneficien al consumidor y al planeta, en lugar de limitarse a impulsar nuevas funciones.
Conclusión: A medida que las leyes de transparencia en Europa obligan a los fabricantes a revelar la verdadera dificultad de mantener sus dispositivos, la industria enfrenta una presión cada vez mayor para priorizar la durabilidad a largo plazo sobre los ciclos de reemplazo rápidos.























